[CUIDADO: Spoilers de la segunda temporada de 'Killing Eve']
Con la euforia de 'Juego de tronos', conviene no olvidarse de los éxitos de las demás. Especialmente si hablamos de 'Killing Eve', una serie con menos dragones y más Villanelle, cuyos nuevos capítulos pueden verse también estas semanas en la plataforma de HBO. Su segunda temporada ha llegado ya a su ecuador con un nuevo equipo del MI6, una nueva sicaria pululando por la ciudad de Londres y una relación perversa que va viento en popa entre Eve Polastri (Sandra Oh) y nuestra asesina rusa favorita (Jodie Comer). Bueno, depende de cómo se mire: en el episodio anterior veíamos cómo su encuentro se nos volvía a escapar de entre las manos cuando Konstantin (Kim Bodnia) salvó a su excompañera tanto de ser arrestada por el servicio secreto británico como de ser asesinada por su organización criminal, que se han cansado de no poder mantenerla bajo control. Entre ellos se forma una nueva alianza, mientras Eve asume las consecuencias de sus irresponsables decisiones.
El 2x04 empieza con una escena que ninguno de nosotros querría vivir: una bronca con la jefa. Pero la de Carolyn (Fiona Shaw) a Eve ya la vimos la semana pasada, y ahora le toca a ella recibir de la jefaza del MI6, Helen (Zoe Wannamaker), que tan pronto se come unas Pringles como hace comparaciones de la situación con penes. Jefas molonas, que además ayudan a expandir un poco el universo de la serie, y nos recuerda que son esos diálogos cómicos, ágiles y ácidos los que consiguieron que nos enamorásemos del show. En esa conversación descubrimos algo importante: que quizás Carolyn tiene las cosas más bajo control de lo creíamos. "Todo va según el plan", asegura cuando su superior le comunica la necesidad de "dar carpetazo a la Operación Manderlay". ¿Qué sabe que nosotros no?
Eve vuelve al trabajo más concentrada que nunca, dejando a Villanelle a un lado y centrándose en la verdadera asesina que ahora tienen entre manos, la misteriosa Fantasma. Tienen un nuevo muerto sobre la mesa: Jonathan McVey, el hijo del también fallecido Alistair Peel, que recordaréis como el hombre asesinado en su oficina por una silenciosa mujer de la limpieza en el primer episodio de la temporada. Es la única vez que hemos "visto" a la asesina londinense, aunque su trabajo de campo se hace notar. Eve ha descubierto que esta serie de asesinatos ha estado planeándose desde hace tiempo. Al menos, desde hace diez meses, cuando personas del entorno de Peel empezaron a morir de formas diversas. Su CEO, su exnovia... No se dieron cuenta antes porque las muertes no eran sospechosas, y se apoyaban en las enfermedades particulares de las víctimas, desde la diabetes hasta la alergia al marisco. Un plan maestro e indetectable.
Ante este nuevo descubrimiento, entienden que Aaron Peel, hijo de Alistair Peel, podría estar en peligro. Pero él no parece preocupado en absoluto, algo que hace sospechar a las detectives. ¿Tiene entre manos algo ilegal? ¿Tuvo algo que ver con la muerte de su padre? Su actitud es de completo desprecio a las dos mujeres, a las que ofrece una reflexión bastante interesante:
"Sabéis que todo esto se va a pique, ¿no? Los servicios de inteligencia, los servicios secretos, las naciones... todo eso. ¿Cómo van a sobrevivir si empresas como esta tienen más información que el Pentágono y el MI6 juntos? Estáis acabadas. Obsoletas".
Ellas no contestan, pero saben que es cierto: la era tecnológica se les viene encima a los organismos tradicionales, y no saben desde dónde les van a venir los golpes. Sin embargo, y aunque es curioso cómo en un contexto como el británico, donde son célebres las representaciones de los servicios secretos ultravanzados desde James Bond hasta Kingsman, esta serie aborde este tema. Aunque esperemos que no se centre demasiado en ello, porque 'Killing Eve' es ante todo un estudio de personajes, y no uno político-social.
Por su parte, Villanelle afronta una nueva vida en Ámsterdam junto a Konstantin. Su trabajo a partir de ahora será con pequeños trabajitos particulares, que, para variar, a la rusa le parecen aburridos. "Pues hazlo divertido, enséñale a Eve Polastri lo que se está perdiendo... Demuéstrale lo aburrida que es la otra en comparación contigo", la anima su compañero. Ay, Konstantin. Cómo sabes. Pronto la asesina encontrará la manera de mandar un nuevo mensaje a su enamorada, y de nuevo a través del arte: tras quedar fascinada por 'Los cuerpos de los hermanos De Witt', una pintura de Jan de Baen, que manda en una postal hacia el Reino Unido y que, poco después, pone en práctica en la vida real. Es decir, que cuelga al hombre boca abajo y la raja el pecho, todo en un escaparate con público -que piensa que es una performance- y disfrazada con una careta de cerdo.
Desgraciadamente, esto no quiere decir que Villanelle haya vuelto a ser quién era. En realidad, todo este montaje sólo es una manera de llamar la atención de Eve, como ya hizo con la manzana en la escuela o con el pintalabios con la pista del ascensor. Su obsesión sigue latiendo casi tanto como su profundo aburrimiento. Su único consuelo es que, a raíz del asesinato y la postal, la detective se deje caer por Ámsterdam. Cuál será su decepción cuando, espiando en la escena del crimen, vea llegar a Jess (Nina Sosanya), su compañera en el MI6. Carolyn se encargó de que el mensaje no llegase a su destinataria, y en su lugar mandó a una sustituta para investigar lo ocurrido. Pero la asesina desconoce esos datos. Para ella, sumida en una repentina depresión, significa que ha dejado de importarle a Eve. Y eso marca su bajada a los infiernos.
La rusa, que siempre ha tenido la sartén por el mango, se enfrenta ahora a unos sentimientos muy autodestructivos, que la llevan a consumir drogas y meterse en un antro nocturno para ahogar las penas. Mientras espera en la cola del baño, casi mata a una niña que intentaba colarse -no podemos culparla-, pero por suerte aparece Konstantin para impedirlo y apagar los fuegos que Villanelle está encendiendo en su vida. Su frustración y aburrimiento no podrán seguir así por mucho tiempo.
De vuelta en Londres, mientras la inesperada tensión sexual entre Eve y Hugo (Edward Bluemel) va creciendo, descubren un nuevo asesinato que será determinante en la investigación: el de la secretaria de Alistair Peel. El manejo de las drogas por parte de la asesina, sumado a los datos que la detective ha ido reuniendo sobre ella, le ayudan a establecer un perfil: mujer, no blanca, mayor de 35, experta en drogas, probablemente doctora y empleada de limpieza en los edificios donde han tenido lugar los crímenes. Con esos datos, Kenny (Sean Delaney) consigue localizarla y la protagonista acude presencialmente a acorralarla para su arresto. Ya la tienen.
Atrapada la Fantasma, el próximo capítulo de 'Killing Eve' se prepara para un interrogatorio que no será nada fácil. Pero si hay un concepto que destaca por encima de cualquier otro en este episodio es el del aburrimiento. No por parte de los espectadores, sino en las mentes de las protagonistas. Eve sabe que el caso de la nueva asesina no es ni la mitad de interesante que sus persecuciones con Villanelle, y ésta no encuentra placeres en Ámsterdam sin la presencia de su nueva obsesión preferida. Ambas se encuentran en lugares en los que no quieren estar, anhelando encontrarse de nuevo. Y, sin duda, es algo que al otro lado de la pantalla anhelamos también. Y es que es la confrontación amor-odio entre ambas lo que marca la sustancia del show. Desprovistos de sus momentos juntas -o al menos, cerca la una de la otra-, está perdiendo el norte. Esperemos que sepa encauzar el rumbo de sus protagonistas, que son más fuertes cuando están juntas.

Mireia es experta en cine y series en la revista FOTOGRAMAS, donde escribe sobre todo tipo de estrenos de películas y series de Netflix, HBO Max y más. Su ídolo es Agnès Varda y le apasiona el cine de autor, pero también está al día de todas las noticias de Marvel, Disney, Star Wars y otras franquicias, y tiene debilidad por el anime japonés; un perfil polifacético que también ha demostrado en cabeceras como ESQUIRE y ELLE.
En sus siete años en FOTOGRAMAS ha conseguido hacerse un hueco como redactora y especialista SEO en la web, y también colabora y forma parte del cuadro crítico de la edición impresa. Ha tenido la oportunidad de entrevistar a estrellas de la talla de Ryan Gosling, Jake Gyllenhaal, Zendaya y Kristen Stewart (aunque la que más ilusión le hizo sigue siendo Jane Campion), cubrir grandes eventos como los Oscars y asistir a festivales como los de San Sebastián, Londres, Sevilla y Venecia (en el que ha ejercido de jurado FIPRESCI). Además, ha participado en campañas de contenidos patrocinados con el equipo de Hearst Magazines España, y tiene cierta experiencia en departamentos de comunicación y como programadora a través del Kingston International Film Festival de Londres.
Mireia es graduada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y empezó su carrera como periodista cinematográfica en medios online como la revista Insertos y Cine Divergente, entre otros. En 2023 se publica su primer libro, 'Biblioteca Studio Ghibli: Nicky, la aprendiz de bruja' (Editorial Héroes de Papel), un ensayo en profundidad sobre la película de Hayao Miyazaki de 1989.